Los cuatro Evangelios en Uno. parte 6ª

La Vida de Jesús contada por sus discípulos.

Los cuatro Evangelios en Uno.  (sin añadir ni una palabra que no salga en los Evangelios).

 

Jesus Damio 2

 

Jesucristo hace la obra de Dios Padre
Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de
cierto os digo: No puede el Hijo hacer algo de sí
mismo, sino lo que viere hacer al Padre, porque
todo lo que él hace, esto también hace el Hijo
juntamente, porque el Padre ama al Hijo y le
muestra todas las cosas que él hace y mayores
obras que estas le mostrará, de suerte que
vosotros os maravilléis. Porque como el Padre
levanta a los muertos y les da vida, así también
el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a
nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo para
que todos honren al Hijo como honran al Padre.
El que no honra al Hijo no honra al Padre que le
envió.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi
palabra y cree al que me ha enviado tiene vida
eterna y no vendrá a condenación, que pasó de
muerte a vida. De cierto, de cierto os digo:
Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos
oirán la voz del Hijo de Dios y los que oyeren
vivirán, porque como el Padre tiene vida en sí
mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en
sí mismo y también le dio poder de hacer juicio, en
cuanto que es el Hijo del hombre. No os
maravilléis de esto, porque vendrá hora cuando
todos los que están en los sepulcros oirán su voz y
los que hicieron bien saldrán a resurrección de
vida, mas los que hicieron mal, a resurrección
de condenación. No puedo yo de mí mismo hacer
algo: como oigo, juzgo, y mi juicio es justo porque
no busco mi voluntad, sino la voluntad del que
me envió, del Padre. (San Juan 5, 19-30)

Dios Padre da testimonio de Jesucristo
Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio
no es verdadero; otro es el que da testimonio de
mí, y sé que el testimonio que da de mí es
verdadero. Vosotros enviasteis a saber por Juan28
y él dio testimonio sobre la verdad; empero, yo no
me sirvo del testimonio de hombre, sino que digo
esto para que vosotros seáis salvos. Él era
antorcha que ardía y alumbraba y vosotros
quisisteis recrearos por un poco a su luz, mas yo
tengo mayor testimonio que el de Juan porque las
obras que el Padre me dio que cumpliese, estas
mismas que son las obras que yo hago, dan
testimonio de mí de que el Padre me haya enviado,
y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio
de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto
su manifestación ni tenéis su palabra
permanente en vosotros, porque al que él envió, a
éste, vosotros no creéis. Escudriñad las
Escrituras, puesto que a vosotros os parece que en
ellas tenéis la vida eterna y ellas son las que dan
testimonio de mí y no queréis venir a mí para que
tengáis vida.
Gloria de los hombres no recibo, mas yo os
conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre y no me
recibís; si otro viniere en su propio nombre, a
aquél recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer,
pues tomáis la gloria los unos de los otros y no
buscáis la gloria que de sólo Dios viene? No penséis
que yo os tengo de acusar delante del Padre. Hay
quien os acusa: Moisés, en quien vosotros esperáis,
porque si vosotros creyeseis a Moisés me creeríais
a mí, porque de mí escribió él, y si a sus escritos no
creéis, ¿cómo creeréis a mis palabras? (San Juan 5, 31-47)

Juan el Bautista, prendido por el tetrarca Herodes
Herodes el tetrarca, siendo reprendido por
él a causa de Herodías, mujer de Filipo su
hermano, (San Lucas 3, 19) pues la había tomado por
mujer (San Marcos 6, 17), y por todas las maldades que
había hecho Herodes, añadió también esto sobre
todas: que encerró a Juan en la cárcel (San Lucas 3, 19)
por causa de Herodías, (San Mateo 14, 4) Porque Juan
decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de29
tu hermano. Herodías le acechaba y deseaba
matarle y no podía, porque Herodes temía a Juan
sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía
respeto, y oyéndole hacía muchas cosas y le oía de
buena gana. (San Marcos 6, 18-20)

Jesús se establece en Cafarnaúm
Oyendo Jesús que Juan era preso, se volvió (San
Mateo 4, 12)
en virtud del espíritu (San Lucas 4, 14) a Galilea,
y dejando a Nazaret vino y habitó en
Cafarnaúm, ciudad marítima en los confines de
Zabulón y de NEftalim, para que se cumpliese lo
que fue dicho por el profeta Isaías, que dijo:
“La tierra de Zabulón y la tierra de
Neftalim, camino de la mar, de la otra parte
del Jordán, Galilea de los Gentiles: el pueblo
asentado en tinieblas vio gran luz y a los que
están en tierra ensombrecida de muerte, luz les
alumbró.”
Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a
decir: Arrepentíos, que (San Mateo 14, 12-17) El tiempo es
cumplido y (San Marcos 1, 15) el reino de los cielos se ha
acercado (San Mateo 4, 17). Arrepentíos y creed al
evangelio. (San marcos 1, 15) Y se extendió la fama de él
por toda la tierra de alrededor y enseñaba en
sus sinagogas y era glorificado por todos. (San Lucas 4,
15)

Los discípulos de Jesús, de pescadores de peces a pescadores de hombres
Aconteció que, (San Lucas 5, 1) andando Jesús (San Mateo
4, 18) junto al lago de Genesaret (San Lucas 5, 1) (mar de
Galilea (San mateo 4, 18)), las gentes se agolpaban sobre
él para oír la palabra de Dios y vio dos barcos
que estaban cerca de la orilla del lago, y (San Lucas 5,
1-2) a dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y
Andrés, su hermano, que echaban la red en la
mar, porque eran pescadores, y (San Mateo 4, 18-19) a
Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano (San30
Marcos 1, 19), en el barco con Zebedeo, su padre, que
remendaban sus redes. (San Mateo 4, 21) Los pescadores,
habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes, y
entrando (San Lucas 5, 2-3) Jesús (San Marcos 1, 17) en uno de
estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que le
desviase de tierra un poco, y sentándose, enseñaba
desde el barco a las gentes. Acabado de hablar,
dijo a Simón: Tira a alta mar y echad vuestras
redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo:
Maestro, habiendo trabajado toda la noche
nada hemos cogido, mas en atención a tu
palabra echaré la red, y habiéndolo hecho
recogieron gran multitud de pescado, que su red
se rompía, e hicieron señas a los compañeros que
estaban en el otro barco de que viniesen a
ayudarles, y vinieron y llenaron ambos barcos
de tal manera que se anegaban, lo cual viendo
Simón Pedro se arrodilló delante de Jesús,
diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy
hombre pecador. Porque temor le había
rodeado, y a todos los que estaban con él, de la
captura de los peces que habían cogido, y
asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que
eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón:
No temas, desde ahora pescarás hombres. Y
cuando llegaron a tierra los barcos, dejándolo
todo, le siguieron. (San Lucas 5, 3-11) Jacobo, hijo de
Zebedeo, y Juan su hermano, (San Mateo 4, 21) dejando a
su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros,
fueron en pos de él. (San Marcos 1, 20)

El Padre Nuestro
Y Aconteció que, estando Él orando en un
lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo:
Señor, enséñanos a orar como también Juan
enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando orareis,
decid:
Padre nuestro que estás en los cielos, sea tu
Nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha
tu voluntad, como en el cielo, así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Y31
perdónanos nuestros pecados, porque también
nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y
no nos metas en prueba, sino líbranos del malo.
(San Lucas 11, 1-4)

Jesús predica y cura por toda Galilea
Y rodeó Jesús a toda Galilea enseñando en sus
sinagogas, predicando el Evangelio del reino y
sanando toda enfermedad y toda dolencia en el
pueblo. Y corría su fama por toda la Siria y le
trajeron todos los que tenían mal, los aquejados
de diversas enfermedades y tormentos y los
endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los sanó.
Y le siguieron muchas gentes de Galilea, de
Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la otra
parte del Jordán. (San Mateo 4, 24-25)

Cristo expone las Bienaventuranzas y las condenaciones
Y viendo a las gentes subió al monte, y
sentándose, se juntaron con él sus discípulos, y
abriendo su boca, (San mateo 5, 1-2) y alzando él los ojos
hacia sus discípulos, (San Lucas 6, 20) les enseñaba
diciendo:
Bienaventurados los pobres en espíritu
porque de ellos es el reino de los cielos. (San Mateo 5, 2-3)
Bienaventurados los que ahora (San Lucas 6, 21)
lloran porque ellos recibirán consolación.
Bienaventurados los mansos porque ellos
recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed
de justicia porque ellos serán hartos.
Bienaventurados los misericordiosos porque
ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores porque
ellos serán llamados hijos de dios.32
Bienaventurados los que padecen persecución
por causa de la justicia porque de ellos es el reino
de los cielos. (San Mateo 5, 4-10)
Bienaventurados seréis cuando los hombres
os aborrecieren y cuando os apartaren de sí y (San
Lucas 6, 22) cuando os vituperaren y os persiguieren y
dijeren de vosotros todo mal por mi causa,
mintiendo (San mateo 5, 11), y desecharen vuestro
nombre como malo por el Hijo del Hombre. (San Lucas
6, 22) Gozaos y alegraos (San Mateo 5, 12) en aquel día (San
Lucas 6, 23) porque vuestra merced es grande en los
cielos, que así persiguieron (San mateo 5, 12) sus padres
(San Lucas 6, 23) a los profetas que fueron antes de
vosotros. (San Mateo 5, 12)
Mas, ¡ay de vosotros los ricos! Porque tenéis
vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! Porque
tendréis hambre.
¡Ay de vosotros, los que ahora reís! Porque
lamentaréis y lloraréis.
¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres
dijeren bien de vosotros! Porque así hacían sus
padres a los falsos profetas. (San Lucas 6, 24-26)

La Calidad de los discípulos
Vosotros sois la sal de la tierra, y si la sal
perdiere su calidad, ¿con qué será salada? No
vale más para nada, sino para que sea echada
fuera y hollada por los pies de los hombres.
Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad
asentada sobre un monte no se puede esconder, ni
se enciende una lámpara y se pone debajo de un
recipiente, sino sobre el candelero y alumbra a
todos los que están en casa. Así alumbre vuestra
luz delante de los hombres para que vean
vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro
Padre que está en los cielos. (San Mateo 5, 13-16)

 

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