Los cuatro Evangelios en Uno. parte 5ª

La Vida de Jesús contada por sus discípulos.

Los cuatro Evangelios en Uno.  (sin añadir ni una palabra que no salga en los Evangelios).

 

Jesus Damio 2

 

 

Juan el Bautista declara a Jesucristo
Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos a la
tierra de Judea y estaba allí con ellos y
bautizaba, y bautizaba también Juan en Enón22
junto a Salim, porque había allí muchas aguas y
venían y eran bautizados, porque Juan no había
sido aun puesto en la cárcel, y hubo disputa entre
los discípulos de Juan y los judíos acerca de la
purificación. Vinieron a Juan y dijéronle: Rabí, el
que estaba contigo de la otra parte del Jordán,
del cual tú diste testimonio, bautiza y todos
vienen a él. Respondió Juan y dijo: No puede el
hombre recibir algo si no le fuere dado del cielo.
Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no
soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
El que tiene la esposa es el esposo, mas el amigo del
esposo, que está en pie y le oye, se goza
grandemente de la voz del esposo. Así pues, este mi
gozo es cumplido. A él conviene crecer, mas a mí
menguar. El que de arriba viene, sobre todos es; el
que es de la tierra, terreno es y cosas terrenas
habla. El que viene del cielo, sobre todos es, y lo
que vio y oyó, esto testifica y nadie recibe su
testimonio. El que recibe su testimonio, éste
certificó que Dios es verdadero, porque el que
Dios envió, las palabras de Dios habla, porque no
le da Dios el Espíritu restringidamente. El Padre
ama al Hijo y todas las cosas dio en su mano. El
que cree en el Hijo tiene vida eterna, mas el que es
incrédulo al Hijo no verá la vida, sino que la ira
de Dios está sobre él. (San Juan 3, 22-36)

Cristo se revela a la samaritana
Como Jesús supo que los fariseos habían oído
que hacía y bautizaba más discípulos que Juan,
aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos, dejó
Judea y fue otra vez a Galilea, y era menester
que pasase por Samaria. Vino, pues, a una ciudad
de Samaria que se llama Sicar, junto a la
heredad que Jacob dio a José, su hijo, y Estaba allí
la fuente de Jacob. Así pues, Jesús, cansado del
camino, se sentó donde la fuente. Era como la
hora de sexta. Vino una mujer de Samaria a
sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. Porque
sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar23
de comer. Y la mujer samaritana le dice: ¿Cómo
tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy
mujer samaritana? Porque los judíos no se
tratan con los samaritanos. Respondió Jesús y
díjole: Si conocieses el don de Dios y quién es el que
te dice “Dame de beber”, tú pedirías de él y él te
daría agua viva. La mujer le dice: Señor, no
tienes con qué sacarla y el pozo es hondo, ¿de
dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Eres tú mayor
que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del
cual él bebió, y sus hijos y sus ganados? Respondió
Jesús y díjola: Cualquiera que bebiere de esta agua
volverá a tener sed, mas el que bebiere del agua
que yo le daré, para siempre no tendrá sed, que el
agua que yo le daré será en él una fuente de
agua que mane para tener vida eterna. La mujer
le dice: Señor, dame esta agua para que yo no
tenga sed ni venga acá a sacarla. Jesús le dice: Ve,
llama a tu marido y ven acá. Respondió la mujer
y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has
dicho: no tengo marido, porque cinco maridos
has tenido y el que ahora tienes no es tu marido.
Esto has dicho con verdad. Dícele la mujer: Señor,
paréceme que tú eres profeta. Nuestros padres
adoraron en este monte y vosotros decís que en
Jerusalén es el lugar donde es necesario adorar.
Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene
cuando ni en este monte ni en Jerusalén
adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no
sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque
la redención viene de los judíos, mas la hora
viene, y ahora es, cuando los verdaderos
adoradores adorarán al Padre en espíritu y en
verdad, porque también el Padre tales
adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu,
y los que le adoran, en espíritu y en verdad es
necesario que adoren. Dícele la mujer: Yo sé que
el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo.
Cuando él viniere, nos revelará todas las cosas.
Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo. Y en esto
vinieron sus discípulos y maravilláronse de que
hablaba con aquella mujer, mas ninguno le dijo:
¿Qué preguntas?, Ó ¿qué hablas con ella?24
Entonces, la mujer dejó su cántaro y fue a la
ciudad y dijo a los hombres de allí: Venid, ved a
un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.
¿Y si es este el Cristo? Entonces salieron de la
ciudad y vinieron a él. (San Juan 4, 1-30)

Los discípulos recogen lo sembrado por Cristo
Entre tanto, los discípulos le rogaban
diciendo: Rabí, come. Y él les dijo: Yo tengo una
comida que comer que vosotros no conocéis.
Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si
le habrá traído alguien de comer? Díceles Jesús:
Mi comida es que yo haga la voluntad del que me
envió y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: aún
hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He
aquí que yo os digo: Alzad vuestros ojos y mirad
las tierras, porque ya están blancas para la
siega, y el que siega recibe salario y allega fruto
para vida eterna, para que el que siembra
también goce, y el que siega, porque en esto es el
dicho verdadero: que uno es el que siembra y
otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo
que vosotros no labrasteis; otros labraron y
vosotros habéis participado en sus labores. (San Juan 4,
31-38)

Los samaritanos creen en Jesús
Muchos de los samaritanos de aquella
ciudad creyeron en él por la palabra de la
mujer que daba testimonio diciendo que: Me dijo
todo lo que he hecho. Viniendo, pues, los
samaritanos a él, rogáronle que se quedase allí,
y se quedó allí dos días, y creyeron muchos más
por la palabra de él y decían a la mujer: Ya no
creemos por tu dicho, porque nosotros mismos
hemos oído y sabemos que verdaderamente este es
el Salvador del mundo, el Cristo. (San Juan 4, 39-42)

Jesús, recibido por los galileos
Dos días después salió de allí y fuese a Galilea,
porque el mismo Jesús dio testimonio de que el
profeta en su tierra no tiene honra, y como vino
a galilea, los galileos le recibieron, vistas todas
las cosas que había hecho en Jerusalén en el día
de la fiesta, porque también ellos habían ido a la
fiesta. (San Juan 4, 43-45)

La palabra de Jesucristo cura al hijo de uno del rey
Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea,
donde había hecho el vino del agua. Había en
Cafarnaúm uno de la casa del rey, cuyo hijo
estaba enfermo. Como oyó que Jesús venía de Judea
a Galilea, fue a él y rogábale que descendiese y
sanase a su hijo porque empezaba a morirse.
Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y
milagros, no creeréis. El del rey le dijo: Señor,
desciende antes de que mi hijo muera. Dícele Jesús:
Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra
que Jesús le dijo y se fue, y cuando ya él descendía,
los siervos le salieron a recibir y le dieron
nuevas diciendo: Tu hijo vive. Entonces, él les
preguntó a qué hora comenzó a estar mejor, y
dijéronle: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El
padre, entonces, entendió que aquella hora era
cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive, y creyó él y toda
su casa. Jesús volvió a hacer una señal y Esta
segunda señal fue hecha cuando vino de Judea a
Galilea. (San Juan 4, 46-54)

Jesús cura a un paralítico
Después de estas cosas, era un día de fiesta de
los judíos y subió Jesús a Jerusalén, y hay en
Jerusalén, a la puerta del Ganado, un estanque
que en hebraico es llamado Betesda, el cual tiene26
cinco portales. En estos yacía multitud de
enfermos, ciegos, cojos, consumidos, que estaban
esperando el movimiento del agua porque un
ángel descendía a cierto tiempo al estanque y
revolvía el agua, y el que primero descendía en
el estanque después del movimiento del agua era
sano de cualquiera enfermedad que tuviese.
Estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho
años que estaba enfermo. Como Jesús vio a este
postrado, y entendió que desde ya hacía mucho
tiempo, dícele: ¿Quieres ser sanado? Señor, le
respondió el enfermo, no tengo hombre que me
meta en el estanque cuando el agua fuere
revuelta, porque entre tanto que yo vengo, otro
antes de mí ha descendido. Dícele Jesús: Levántate,
toma tu lecho y anda, y luego aquel hombre fue
sano y tomó su lecho e íbase, y era sábado aquel
día. (San Juan 5, 1-9)

Jesucristo refuta la prohibición del sábado judío
Entonces los judíos decían a aquel que había
sido sanado: Sábado es, no te es lícito llevar tu
lecho. Respondióles: El que me sanó, el mismo me
dijo: Toma tu lecho y anda. Preguntáronle
entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y
anda? Y el que había sido sanado no sabía quien
fuese porque Jesús se había apartado de la gente
que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús
en el templo y díjole: He aquí que has sido sanado,
no peques más para que no te venga alguna cosa
peor. Él se fue entonces y dio aviso a los judíos de
que Jesús era el que le había sanado y por esta
causa los judíos perseguían a Jesús y procuraban
matarle, porque hacía estas cosas en sábado, y
Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra y
yo obro. Entonces, por tanto, más procuraban
los judíos matarle, porque no sólo quebrantaba
el Sábado, sino que también a su Padre llamaba
Dios, haciéndose igual a Dios. (San Juan 5 10-18)

 

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2 comentariosDeja un comentario

  1. The Holy Spirit Is Not A Feminine Spirit

  2. ^ Christ ^ the power of God, and the wisdom of God.

    ^ Cristo ^ es Potencia de Dios, y Sabiduría de Dios.

    ^HaMashyach^ es Potencia de Yahuah, y Sabiduría de Yahuah.

    Vosotros sois “Renacidos” en HaMashyach Yahusha, el cual nos es hecho de Yahuah

    ^ Sabiduría, y Justicia, y Santificación, y Redención ^

    1 Corintios 1

    ^ which is and which was and which is to come, the Almighty ^

    ^ el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso ^

    Apocalipsis 1:8


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