Los cuatro Evangelios en Uno. parte 4ª

La Vida de Jesús contada por sus discípulos.

Los cuatro Evangelios en Uno.  (sin añadir ni una palabra que no salga en los Evangelios).

 

Jesus Damio 2

 

 

Juan bautiza a Jesús
El siguiente día, ve Juan a Jesús que venía a él
y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo. Este es del que dije: Tras mí
viene un varón, el cual es antes de mí porque era
primero que yo, y yo no le conocía, mas para que
fuese manifestado a Israel, por eso vine yo
bautizando con agua. (San Juan 1, 29-31) Jesús vino de
Nazaret de Galilea (San Marcos 1, 9) a Juan, al Jordán,
para ser bautizado de él. Mas Juan lo resistía
mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de
ti, ¿y tú vienes a mi? Empero, respondiendo Jesús, le
dijo: Deja ahora, porque así nos conviene cumplir
toda justicia. Entonces Juan le dejó. (San Mateo 3, 13-15) Y
aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba,
también Jesús fuese bautizado, (San Lucas 3,21) y luego,
subiendo del agua, (San Marcos 1, 10) orando, el cielo se
abrió y descendió el Espíritu Santo sobre él en
forma corporal, como paloma, (San Lucas 3, 21-22) y
hubo una voz de los cielos, que decía: Tú eres mi
Hijo amado, en ti me contemplo. (San Marcos 1, 11)

Juan revela al Cristo en Jesús
Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu,
que descendía del cielo como paloma y reposó
sobre él, y yo no le conocía, mas el que me envió a16
bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien
vieres descender el Espíritu y que reposa sobre él,
este es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo le vi,
y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
(San Juan 1, 32-34)

Ascendencia física de Jesucristo
El mismo Jesús comenzaba a ser como de
treinta años, hijo de José, como se creía, que fue
hijo de Elí, que fue de Matat, que fue de Leví, que
fue de Melqui, que fue de Janne, que fue de José,
que fue de Matatías, que fue de Amós, que fue de
Nahum, que fue de Eslai, que fue de Naggai, que
fue de Maat, que fue de Matatías, que fue de
Semei, que fue de José, que fue de Judas, que fue de
Joana, que fue de Resa, que fue de Zorobabel, que
fue de Salatiel, que fue de Neri, que fue de Melqui,
que fue de Addi, que fue de Cosam, que fue de
Elmodam, que fue de Er, que fue de Josué, que fue
de Elieser, que fue de Jorim, que fue de Matat, que
fue de Leví, que fue de Simeón, que fue de Judá, que
fue de José, que fue de Jonan, que fue de Eliaquim,
que fue de Meleas, que fue de Menán, que fue de
Matata, que fue de Natán, que fue de David, que
fue de Jessé, que fue de Obed, que fue de Booz, que
fue de Salmón, que fue de Naasón, que fue de
Aminadab, que fue de Aram, que fue de Esrom, que
fue de Fares, que fue de Judá, que fue de Jacob, que
fue de Isaac, que fue de Abraham, que fue de
Tara, que fue de Nacor, que fue de Saruch, que
fue de Ragau, que fue de Falec, que fue de Heber,
que fue de Sala, que fue de Cainan, que fue de
Arfaxad, que fue de Sem, que fue de Noé, que fue
de Lamech, que fue de Matusalén, que fue de Enoc,
que fue de jared, que fue de Malaleel, que fue de
Cainán, que fue de Enós, que fue de Set, que fue de
Adán, que fue de Dios. (San Lucas 3, 23-38)

Las tentaciones de Jesús
Y luego (de San Marcos 1, 10) Jesús, lleno de Espíritu
Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el
Espíritu al desierto (San Lucas 4, 1) para ser tentado del
diablo (San Mateo 4, 1) , y estuvo allí en el desierto (San
Marcos 1, 13) por cuarenta días (San Lucas 4, 2), y estaba con
las fieras (San Marcos 1, 13) y no comió cosa en aquellos
días, (San Lucas 4, 2) y habiendo ayunado cuarenta días
y cuarenta noches, después tuvo hambre. Y
llegándose a él el tentador, dijo: Si eres Hijo de
Dios di que estas piedras se hagan pan. Mas él,
respondiendo, dijo: Escrito está: No con sólo el
pan vivirá el hombre, sino con toda palabra que
sale de la boca de Dios. Entonces el diablo (San Mateo 4,
2-5) le llevó a Jerusalén y púsole sobre las almenas
del Templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios échate de
aquí abajo (San Lucas 4, 9), que escrito está: A sus
ángeles mandará por ti (San Mateo 4, 6) que te
guarden, y en las manos te llevarán (San Lucas 4, 10-11)
para que nunca tropieces con tu pie en piedra.
Jesús le dijo: Escrito está, además: No tentarás al
Señor tu Dios.
Otra vez le pasa el diablo a un monte muy
alto y le muestra, (San Mateo 4, 6-8) en un momento de
tiempo, todos los reinos de la tierra (San Lucas 4, 5) y su
gloria, y dícele: (San Mateo 4, 8-9) a ti te daré toda esta
potestad y la gloria de ellos, porque a mí es
entregada y a quien quiero la doy, pues si tú (San
Lucas 4, 6-7) postrado me adorares (San Mateo 4, 9), serán
todos tuyos. (San Lucas 4, 7) Entonces Jesús le dice: (San Mateo
4, 10) Vete de mí Satanás, porque escrito está: A tu
Señor Dios adorarás y a él solo servirás. Y (San Lucas
4, 8-9) entonces (De San Mateo 4, 10), acabada toda
tentación, el diablo se fue de él por algún tiempo.
(San Lucas 4, 13) Y he aquí que los ángeles llegaron y le
servían. (San Mateo 4, 11)

Adhesión de discípulos a Jesús
El siguiente día, otra vez estaba Juan y dos de
sus discípulos, y mirando a Jesús, que andaba por
allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Y oyéronle
los dos discípulos hablar y siguieron a Jesús, y
volviéndose Jesús y viéndoles seguirle, díceles: ¿Qué
buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que quiere decir
Maestro), ¿dónde moras? Díceles: Venid y ved.
Vinieron y vieron donde moraba y quedáronse
con él aquel día porque era como la hora de las
diez.
Era Andrés hermano de Simón Pedro, uno de
los dos que habían oído de Juan y le habían
seguido. Éste halló primero a su hermano simón y
díjole: Hemos hallado al Mesías (que es el Cristo),
y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: “Tú eres
Simón, hijo de Jonás. Tú serás llamado Cefas (que
quiere decir Piedra)”.
El día siguiente quiso Jesús ir a Galilea y
halla a Felipe, al cual dijo: Sígueme. Y era Felipe
de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe
halló a Natanael y dícele: “Hemos hallado a
aquél de quien escribió Moisés en la Ley, y también
los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret”. Y
díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo
bueno? Dícele Felipe: Ven y ve. Jesús vio venir a sí a
Natanael y dijo de él: “He aquí un verdadero
Israelita, en el cual no hay engaño”. Dícele
Natanael: ¿De dónde me conoces? Respóndele Jesús
y díjole: “Antes que Felipe te llamara, cuando
estabas debajo de la higuera te vi”. Respondió
Natanael y díjole: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú
eres el Rey de Israel”. Respondió Jesús y díjole:
“¿Porque te dije: Vite debajo de la higuera, crees?
Cosas mayores que estas verás”. Y dícele. “De
cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis
el cielo abierto y los ángeles de Dios que suben y
descienden sobre el Hijo del hombre”. (San Juan 1, 35-51)

Jesús cambia el agua en vino en Caná
Al tercer día hiciéronse unas bodas en Caná
de Galilea y estaba allí la madre de Jesús, y fue
también llamado Jesús y sus discípulos a las bodas.
Faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino
no tienen. Y dícele Jesús: “Esto es de lo que tengo yo
contigo, mujer: aun no ha venido mi hora”. Su
madre dice a los que servían: Haced todo lo que
os dijere. Y estaban allí seis tinajuelas de piedra
para agua conforme a la purificación de los
judíos, que cabían en cada una dos o tres
cántaros. Díceles Jesús: Llenad estas tinajuelas de
agua. Y llenáronlas hasta arriba. Y díceles:
Sacad ahora y presentad al maestresala. Y
presentáronle. Y como el maestresala gustó el
agua hecha vino, que no sabía de donde era mas
lo sabían los sirvientes, que habían sacado el
agua, el maestresala llama al esposo y dícele:
“Todo hombre pone primero el buen vino y cuando
están satisfechos, entonces lo que es peor. Mas tú
has guardado el buen vino hasta ahora”. Este
principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea y
manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en
Él. (San Juan 2, 1-11)

Jesús en Cafarnaúm
Después de esto descendió a Cafarnaúm, él y su
madre y hermanos y discípulos, y estuvieron allí
no muchos días. (San Juan 2, 12)

Primera expulsión de los vendedores del templo por Jesús
Estaba cerca la Pascua de los judíos y subió
Jesús a Jerusalén y halló en el templo a los que
vendían bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas
sentados, y hecho un azote de cuerdas, echólos a
todos del templo y a las ovejas y a los bueyes, y
derramó los dineros de los cambistas y tiró las
mesas, y a los que vendían las palomas dijo:
Quitad de aquí esto y no volváis la casa de mi
Padre en casa de mercado. Entonces se
acordaron sus discípulos que está escrito: “El celo
de tu casa me devoró”. Los judíos respondieron y
dijéronle: ¿Qué señal nos muestras como haces
esto? Respondió Jesús y díjoles: Destruid este templo
y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los
judíos: En cuarenta y seis años fue este templo
edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas
él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto,
cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se
acordaron de que había dicho esto y creyeron a
la Escritura y a la palabra que Jesús había
dicho. (San Juan 2, 13-22)
Conocimiento de Jesús del interior de los hombres
Estando en Jerusalén en la Pascua, en el día
de la fiesta, muchos creyeron en su nombre
viendo las señales que hacía, mas el mismo Jesús
no se confiaba a sí mismo a ellos porque él
conocía a todos, y no tenía necesidad de que
alguien le diese testimonio del hombre porque él
sabía lo que había en el hombre. (San Juan 2, 23-25)
Jesús con Nicodemo
Había un hombre de los fariseos que se
llamaba Nicodemo, príncipe de los judíos. Éste
vino a Jesús de noche y díjole: Rabí, sabemos que has
venido de Dios en calidad de Maestro porque
nadie puede hacer estas señales que tú haces si no
estuviere Dios con él. Respondió Jesús y díjole: De
cierto, de cierto te digo que el que no naciere
otra vez no puede ver el reino de Dios. Dícele
Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo
viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su
madre y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de
cierto te digo que el que no naciere de agua y21
aire no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es
nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de
Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te
dije: Os es necesario nacer otra vez. El viento, de
donde quiere sopla y oyes su sonido, mas ni sabes de
dónde viene ni dónde vaya: así es todo aquél
nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y díjole:
¿Cómo puede esto hacerse? Respondió Jesús y díjole:
¿Tú eres el maestro de Israel y no sabes esto? De
cierto, de cierto te digo que lo que sabemos
hablamos y lo que hemos visto testificamos y no
recibís nuestro testimonio. Si os he hablado de
cosas terrenas y no creéis, ¿cómo creeréis si os
hablare de las celestiales? Nadie subió al cielo
sino el que descendió del cielo, a saber, el Hijo del
Hombre, que está en el cielo, Y como Moisés
levantó a la serpiente en el desierto, así es
necesario que el Hijo del Hombre sea levantado
para que todo aquel que en él creyere no se
pierda, sino que tenga vida eterna. Porque de tal
manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo
unigénito para que todo aquel que en él cree no
se pierda, sino tenga vida eterna. Porque no envió
Dios a su Hijo al mundo para que condene al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
El que en él cree no es condenado, mas el que no
cree ya es condenado porque no creyó en el
nombre del unigénito Hijo de Dios. Y ésta es la
causa de su condenación: porque la luz vino al
mundo y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz porque sus obras eran malas, porque
todo aquel que hace lo malo aborrece la luz y
no viene a la luz para que sus obras no sean
reprobadas, mas el que obra verdad viene a la
luz para que sus obras manifiesten que son
hechas en Dios. (San Juan 3, 1-21)

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