Los cuatro Evangelios en Uno. parte 3ª

La Vida de Jesús contada por sus discípulos.

Los cuatro Evangelios en Uno.  (sin añadir ni una palabra que no salga en los Evangelios).

 

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Nacimiento de Juan el Bautista

A Isabel se le cumplió el tiempo de parir, y
parió un hijo, y oyeron los vecinos y los parientes
que Dios había manifestado con ella gran
misericordia, y se alegraron con ella. Y
aconteció que al octavo día vinieron para
circuncidar al niño, y le llamaban del nombre
de su padre, Zacarías. Y respondiendo su madre,
dijo: No, sino Juan será llamado. Y le dijeron:
¿Por qué? Nadie hay en tu parentela que se llame
de este nombre. Y hablaron por señas a su padre
cómo le quería llamar. Y demandando la
tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y
todos se maravillaron. Y luego fue abierta su
boca y su lengua y habló bendiciendo a Dios.
Sobrevino un temor sobre todos los vecinos de
ellos y en todas las montañas de Judea fueron
divulgadas todas estas cosas, y todos los que las
oían las conservaban en su corazón, diciendo:
¿Quién será este niño? la mano del Señor estaba
con él. Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu
Santo y profetizó, diciendo:
“Bendito el Señor Dios de Israel, que ha
visitado y hecho redención a su pueblo y nos alzó
un cuerno de salvación en la casa de David, su
siervo, como lo habló por boca de sus santos
profetas, que fueron desde el principio salvación
de nuestros enemigos y de la mano de todos los que
nos aborrecieron, para hacer misericordia con
nuestros padres y acordándose de su santo pacto,
del juramento que juró a Abraham, nuestro9
padre, que nos había de dar, para que, sin temor,
librados de nuestros enemigos, le sirviéramos en
santidad y justicia, delante de él, todos los días
nuestros. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás
llamado, porque irás ante la faz del Señor para
aparejar sus caminos, dando conocimiento de
salvación a su pueblo para remisión de sus
pecados por las entrañas de la misericordia de
nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto El
Oriente para dar luz a los que habitan en
tinieblas y en sombra de muerte, para
encaminar nuestros pies por camino de paz.”
Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu, y
estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró
a Israel. (San Lucas 1, 57-80)

Nacimiento del Jesús natánico

Aconteció en aquellos días que salió edicto de
parte de Augusto César de que toda la tierra
fuese empadronada. Este empadronamiento
primero fue hecho siendo Cirenio gobernador de
la Siria, e iban todos para ser empadronados,
cada uno a su ciudad. Y subió José de Galilea, de
la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de
David, que se llama Belén, por cuanto era de la
casa y familia de David, para ser empadronado
con María su mujer, desposada con él, la cual
estaba encinta. Y aconteció que, estando ellos
allí, se cumplieron los días en que ella había de
parir. Y parió a su hijo primogénito y le envolvió
en pañales y acostóle en un pesebre, porque no
había lugar para ellos en el mesón. (San Lucas 2, 1-7)

Anunciación a los pastores

Había pastores en la misma tierra, que
velaban y guardaban las vigilias de la noche
sobre su ganado. Y he aquí que el ángel del Señor
vino sobre ellos y la claridad de Dios los cercó de
resplandor, y tuvieron gran temor. Mas el10
ángel les dijo: “No temáis, porque he aquí que os
doy nuevas de gran gozo, que será para todo el
pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de
David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto
os será por señal: hallaréis al niño envuelto en
pañales, echado en un pesebre.”
Y repentinamente fue con el ángel una
multitud de los ejércitos celestiales, que
alababan a Dios y decían: “Gloria en las alturas
a Dios, y en la tierra paz para con los hombres
de buena voluntad”. Y aconteció que, al irse los
ángeles de ellos al cielo, los pastores dijeron los
unos a los otros: “Pasemos, pues, hasta Belén, y
veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha
manifestado”. Y vinieron aprisa, y hallaron a
María y a José y al niño acostado en el pesebre, y
viéndole, hicieron público lo que les había sido
dicho del niño. Y todos los que oyeron se
maravillaron de lo que los pastores les decían,
mas María guardaba todas estas cosas,
considerándolas en su corazón.
Se volvieron los pastores, glorificando y
alabando a Dios por todas las cosas que habían
oído y visto, como les había sido dicho. (San Lucas 2, 8-20)

Circuncisión del Jesús natánico

Pasados los ocho días para circuncidar al
niño, llamaron su nombre Jesús, el cual le fue
puesto por el ángel antes que él fuese concebido en
el vientre. (San Lucas 2, 21)

Presentación del Jesús natánico en el templo
Como se cumplieron los días de la
purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés
le trajeron a Jerusalén para presentarle al
Señor, como está escrito en la ley del Señor: “Todo
varón que abriere la matriz será llamado
santo al Señor”, y para dar la ofrenda
conforme a lo que está dicho en la ley del Señor:11
un par de tórtolas o dos palominos. Y he aquí que
había un hombre en Jerusalén llamado Simeón, y
este hombre, justo y pío, esperaba la consolación
de Israel, y el Espíritu Santo era sobre él. Había
recibido respuesta del Espíritu Santo de que no
vería la muerte antes de que viese al Cristo del
Señor y vino por el Espíritu al templo. Cuando
metieron al niño Jesús sus padres en el templo
para hacer con él conforme a la costumbre de
la ley, él le tomó en sus brazos, bendijo a Dios y
dijo:
“Ahora despides, Señor, a tu siervo, conforme
a tu palabra, en paz, porque han visto mis ojos tu
Salvación, la cual has dispuesto en presencia de
todos los pueblos, luz para ser revelada a los
gentiles y la gloria de tu pueblo Israel.”
José y su madre estaban maravillados de las
cosas que se decían de él. Los bendijo Simeón, y dijo
a su madre María: “He aquí que éste está puesto
para caída y para levantamiento de muchos en
Israel y para ser enseña de lo que será
contradicho, y una espada traspasará tu misma
alma, y para que sean manifestados los
pensamientos de muchos corazones.”
Estaba también allí Ana, profetisa, hija de
Fanuel, de la tribu de Aser, la cual había llegado
a edad muy avanzada, ya que había vivido con su
marido siete años desde su virginidad y era viuda
de hasta ochenta y cuatro años, y no se apartaba
del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos
y oraciones. Y llegando ésta en la misma hora,
juntamente reconocía al Señor, y hablaba de él a
todos los que esperaban la redención en
Jerusalén.
Como cumplieron todas las cosas según la ley
del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de
Nazaret. (San Lucas 2, 22-39)

La familia del Jesús salomónico regresa de Egipto
Muerto Herodes, he aquí que el ángel del
Señor aparece en sueños a José en Egipto, diciendo:
“Levántate y toma al Niño y a su madre y vete a
tierra de Israel, que muertos son los que
procuraban la muerte del Niño.” Entonces, él se
levantó y tomó al Niño y a su madre y se vino a
tierra de Israel. Oyendo que Arquelao reinaba
en Judea en lugar de Herodes su padre, temió ir
allá, mas amonestado por revelación en sueños,
se fue a las partes de Galilea, y vino y habitó en la
ciudad que se llama Nazaret, para que se
cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que
había de ser llamado Nazareno. (San Mateo 2, 19-23)

El niño Jesús entre los doctores de la Ley
El niño crecía y fortalecíase y se henchía de
sabiduría y la gracia de Dios era sobre él. Iban
sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta
de la Pascua, y cuando fue de doce años subieron
ellos a Jerusalén conforme a la costumbre del
día de la fiesta. Acabados los días, volviendo ellos,
se quedó el niño Jesús en jerusalén sin saberlo José
y su madre, y pensando que estaba entre la
compañía anduvieron camino de un día,
buscándole entre los parientes y entre los
conocidos, mas como no le hallasen, volvieron a
Jerusalén buscándole. Aconteció que tres días
después le hallaron en el Templo, sentado en
medio de los doctores, oyéndoles y
preguntándoles, y todos los que le oían se
pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.
Cuando le vieron se maravillaron, y díjole su
madre: Hijo, ¿Por qué nos has hecho así? Tu padre
y yo te hemos buscado con dolor. Entonces, él les
dice: ¿Qué hay? ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais
que en los asuntos de mi Padre me conviene estar?
Mas ellos no entendieron las palabras que les
habló. Descendió con ellos y vino a Nazaret y13
estaba sujeto a ellos, y su madre guardaba todas
estas cosas en su corazón, y Jesús crecía en
sabiduría y en madurez y en hermosura para
con Dios y los hombres. (San Lucas 2, 40-52)

Predicación de Juan el Bautista
En el año quince del imperio de Tiberio César,
siendo gobernador de Judea Poncio Pilato,
Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo
tetrarca de Iturea y de la provincia de
Traconite y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo
sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra
del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el
desierto, y él vino por toda la tierra alrededor
del Jordán, (San Lucas 3, 1-3) predicando en el desierto de
Judea (San Mateo 3, 1) el bautismo de arrepentimiento
para la remisión de los pecados, (San Lucas 3, 3)
diciendo: “Arrepentíos, que el reino de los cielos se
ha acercado” (San Mateo 3, 2), como está escrito en el
libro de las palabras del Profeta Isaías, que dice:
(San Lucas 3, 4)
“He aquí que yo envío a mi mensajero delante
de tu faz, que prepare tu camino delante de ti,
voz del que clama en el desierto: aparejad el
camino del Señor, (San Marcos 1, 2-3) haced derechas (San
Lucas 3, 4) sus veredas. (San Marcos 1, 3) Todo valle se
henchirá y se rebajará todo monte y collado y
los caminos torcidos serán enderezados y los
caminos ásperos allanados, y verá toda carne
la salvación de Dios.” (San Lucas 3, 5-6)
Tenía Juan su vestido de pelos de camellos y
una cinta de cuero alrededor de sus lomos y su
comida era langostas y miel silvestre. Entonces
salía a él Jerusalén y toda Judea y toda la
provincia de alrededor del Jordán (San Mateo 3, 4-5), y
eran todos bautizados por él en el río del
Jordán, confesando sus pecados. (San Marcos 1, 5) Viendo
él muchos de los fariseos y de los saduceos, que
venían a su bautismo, decíales: “Generación de
víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira
que vendrá? Haced, pues, frutos dignos de14
arrepentimiento y no penséis decir dentro de
vosotros: A Abraham tenemos por padre, porque
yo os digo que puede Dios despertar hijos de
Abraham aún de estas piedras. (San Mateo 3, 7-9) Ya
también el hacha está puesta a la raíz de los
árboles, y todo árbol, pues, que no hace buen
fruto, es cortado y echado en el fuego.”
Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues
qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene
dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene que
comer, haga lo mismo. Y vinieron también
publicanos para ser bautizados, y le dijeron:
Maestro, ¿qué haremos? Y él les dijo: No exijáis
más de lo que os está ordenado. Y le
preguntaron también los soldados, diciendo: Y
nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis
extorsión a nadie ni calumniéis, y contentaos con
vuestras pagas. (San Lucas 3, 9-14)

Juan el Bautista anuncia al Señor
Y este es el testimonio de Juan, cuando los
Judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y Levitas,
que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? (San Juan 1, 19) Y
estando el pueblo esperando, y pensando todos de
Juan en sus corazones si él fuese el Cristo, (San Lucas 3,
15) confesó y no negó, declarando: No soy yo el
Cristo. Y le preguntaron, ¿qué, pues? ¿Eres tú
Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el Profeta? Y
respondió: No. Dijéronle, pues, ¿quién eres? Para
que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué
dices de ti mismo? Dijo: “Yo soy la voz del que
clama en el desierto: Enderezad el camino del
Señor, como dijo Isaías profeta.” Los que habían
sido enviados eran de los Fariseos. Preguntáronle
y dijéronle: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres
el Cristo ni Elías ni el profeta? Y Juan les
respondió, diciendo: (San Juan 1, 20-26) Yo en verdad os
bautizo en agua para el arrepentimiento, (San
Mateo 3, 11) mas en medio de vosotros está (San Juan 1, 26) el
que viene tras mí, (San Mateo 3, 11) a quien vosotros no
conocéis. (San Juan 1, 26) Más poderoso es que yo (San mateo 3,15
11) el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí
(San Juan 1, 27), los zapatos del cual yo no soy digno de
llevar (San Mateo 3, 11), al cual no soy digno de desatar
encorvado la correa de sus zapatos. (San Marcos 1, 7) Él
os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. Su
aventador en su mano está y aventará su era, y
allegará su trigo en el silo y quemará la paja en
fuego que nunca se apagará. (San Mateo 3, 11-12) Y
amonestando, otras muchas cosas también
anunciaba al pueblo. (San Lucas 3, 18) Estas cosas
acontecieron en Betábara, de la otra parte del
Jordán, donde Juan bautizaba. (San Juan 1, 28)

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